Tiburones y cine: la vergüenza de una especie

Tras millones de años de evolución, los tiburones son una de las criaturas mejor diseñadas de la naturaleza. Pura hidrodinámica ensamblada en cartílago que en algunos casos converge en una auténtica máquina de matar biológica de la que el ser humano, en general, poco tiene que temer. Sin embargo, la leyenda negra y la pesca ilegal han hecho que muchas especies de escualos estén en peligro. Pero es el cine el campo desde el que la dignidad de estos animales más en bajo ha quedado.

Steven Spielberg ayudó a que los tiburones fueran temidos por el común de los bañistas con el clásico de terror Tiburón. Pero la cinta poseía un trasfondo ideológico, entroncado en el caso Watergate y con enlaces con el marxismo, que se veía metaforizado en la figura del escualo. Lejos de este ejemplo queda la explosión del fenómeno “shark” que lidera Sharknado y una serie de films y sagas que a continuación se muestran

Sharknado (saga, 2013-)

No se podía empezar con otra. Desde el canal SyFy, conducto para que estas lamentables producciones con penosos efectos e interpretaciones vean la luz, la idea de que un tornado fuera capaz de transportar una mortal lluvia de tiburones cuajó. Lo hizo de tal forma que ya van por la quinta entrega y consiguieron incluso llegar a los cines.

Sharknado 5: Global Swarming, lleva es escualocalipsis alrededor del mundo. En el tráiler se puede ver a las criaturas destruyendo monumentos alrededor del globo. Fin y April deberán detener la masacre y salvar el día una vez más.

Sharktopus (saga, 2010-)

Esta película realizada para SyFy se estrenó en 2010 y desde entonces cuenta con dos secuelas. El engendro mitad tiburón mitad pulpo es el resultado de un experimento de las fuerzas navales estadounidenses. Tópicos dentro de tópicos que aumentaron el nivel de epicidad en 2014 y 2015, cuando Sharktopus se enfrentó a Pteracuda, un monstruo que combina barracuda y Pterodáctilo, y a Whalewolf, la fusión de una ballena y un lobo, respectivamente.

Mega Shark vs… (saga, 2009-)

En este caso, los creadores no se rompieron la cabeza y diseñaron un mega tiburón capaz de comerse un avión. Sin embargo, esta saga apostó desde el principio por enfrentamientos tan grandilocuentes como, a la postre, patéticos. Gracias a la compañía The Asylum, responsable de Sharknado y la saga que viene a continuación, los combates y cazas de Mega Shark continuaron y le llevaron a verse las fauces con Crocosaurus (2010), Kolossus (2015) y, la epítome de lo zafio, Mecha Shark (2014).

El Ataque Del Tiburón de X Cabezas (saga, 2012-)

La definición de crescendo en el cine serie B de tiburones. Si Mega Shark iba por el lado de aumentar el tamaño, en esta serie de metrajes se ha optado por incrementar el número de cabezas. En la película primigenia eran 2, en 2015 fueron tres y en la tercera parte, estrenada el pasado 30 de julio… 5. ¡Una estrategia maestra!

Sand Sharks (2011)

Un despropósito que se sitúa a medio camino entre Temblores y Tiburón pero con menos sentido todavía que la primera. En este caso, los tiburones están adaptados a la arena y son capaces de nadar por ella como si fuera agua. Un sin Dios como cualquiera de las películas y sagas que componen esta lista.

Jurassic Shark (2012)

Desde Canadá llega este doble homenaje a Steven Spielberg que se sitúa como la vigésima peor película de IMDb. Y es que el eclecticismo, sea genético o sea creativo, les encanta a los cineastas apasionados por los tiburones. El escualo de Jurassic Shark llega desde lo más profundo del océano. La lucha se da entre el Megalodón y un grupo unificado de jovencitas y ladrones de arte con un final destinado a una secuela que, de momento, no ha llegado.

Dinoshark (2010)

De nuevo SyFy es la culpable de un film sobre tiburones, que aquí es semi-dinosaurio. Con un grave mensaje social, pues el escualosaurio es liberado debido al calentamiento global, el film cuenta con la típica trama en la que el primer testigo de un ataque, y a la postre protagonista, no es creído por el resto de personajes. Las consecuencias, claro está, son las que son. Y es que, ¿quién no creería en la existencia de un tiburón-dinosaurio?

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