Mongol Rally, la carrera más loca del momento

Coches/motos escoria, 10.000 millas y una meta que ya no está en Mongolia.

La típica imagen de un rally suele llevar a Montecarlo o a un copiloto desgañitándose para que el conductor principal arranque un coche. Sin embargo, hay más opciones por el mundo. Bazas más baratas, más amateur, más salvajes o, simplemente, más locas. Si el último caso es el que te ha hecho arquear la ceja y te sobra tiempo en verano, el Mongol Rally es tu competición.

Como si se tratase de Locos Al Volante, se trata de una carrera en que lo de llegar el primero es lo que menos importa. Desde el circuito inglés de Goodwood hasta la ciudad de Ulan Ude,  capital de la república rusa de Buriatia. Antes el final estaba en la capital mongola, Ulaanbaatar o Ulan Bator, pero por facilidades logísticas en el retorno de aventureros y sus coches, se trasladó al norte.

Las reglas de participación del Mongol Rally son muy sencillas. En primar lugar, hace falta un vehículo cascado y pequeño. En el caso de las cuatro ruedas, con un motor de menos de un litro (1,2 como límite máximo), en el caso de las dos, como mucho de 125 cc. Cumplido el primer requerimiento, se pasa al segundo: no hay ayudas. La organización se limita a recoger los restos del vehículo en caso de accidente y poco más. Por último, se obliga a donar 1000 libras esterlinas a la caridad, mitad a la asociación Cool Earth mitad a quién le de la gana al participante.

La salida es a mediados de julio. La llegada se reparte hasta entrado septiembre en el caso de la edición 2017. Visados, recambios, problemas con guardias fronterizos, charlas en las que ninguno de los dos interlocutores habla el mismo idioma… El Mongol Rally devuelve la gloria del “hazlo tú mismo” a las carreras. Un evento que crece cada año desde su primera edición en 2004 y que con cada llegada a meta involuciona todavía más sus condiciones.

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